sábado, 8 de agosto de 2009

3. Economia


Esta no deja nunca indiferente, fascina o provoca repulsa. Sé de personas que se han vuelto a las pocas horas de aterri­zar su avión; para otros, entre los que me cuen­to, el descubrimiento de la India ha constituido el acontecimiento más importante de sus vidas. La civilización india nos ha dejado un legado impresionante al que se ha hecho aún muy poca justicia. La India clásica poseía un shastra, un tratado, para todo: política y administración, arte militar, matemáticas, medicina, astronomía y astrología, religión, filosofía, cosmología y metafísica, lógica, gramática, arquitectura, música, artes, ...apenas hay campos en los que el genio indio no se aplicara. La literatura es absolutamente inmensa en todos los campos, y la gramática no ha sido estudiada con tanta profundidad por ningún otro pueblo. Los árabes llamaban a las matemáticas "la ciencia india", y a través suyo nos llegó el sistema de numera­ción decimal con el concepto del cero. Se ha hablado mucho sobre las posibles influencias del pensamiento indio sobre filósofos occiden­tales, como Pitágoras y Plotino. Aunque es difí­cil asegurar nada sobre este tema, es cierto que ésta es una hipótesis probable, y en la antigüe­dad nunca faltaron contactos entre Oriente y Occidente. Y realmente es en el campo del espíritu donde brilla el genio indio con más pureza. El ideal indio no se ha encarnado nunca en el conquistador mili­tar, ni el rey poderoso, ni el rico mercader, a pesar de que el papel de éstos en la socie­dad era plenamente reconoci­do. La cumbre de la pirámide social, el hombre ideal, era y en gran medida sigue siendo el sabio, el asceta que abando­nando todas sus posesiones se dedica a investigar el lugar y papel del ser humano en el universo y se esfuerza por descubrir y manifestar su divi­nidad inmanente. Esta bús­queda ha sido tratada como una ciencia, y basta compro­bar la inmensa producción literaria sobre estos temas para darse cuenta de la obse­sión indida por el infinito, por trascender la condición hu­mana. Sin embargo, el lado material y contingente de la vida nunca fue despreciado, y se otorgó siempre su lugar a cada cosa.Sin embargo, mientras que las concepcio­nes, educación y técnicas modernas han penetrado por la fuerza de las circunstan­cias en la India, así como en todos los otros paí­ses no occidentales, el profundo saber y cultura indios apenas han sido incorporados al patrimo­nio occidental, y éstos, así como los de otras cul­turas, permanecen casi desconocidos. En una época en que el mundo se ha unificado a tantos niveles, éste no puede permitirse despreciar un patrimonio tan vasto y con raíces tan profundas. Sin embargo, si Occidente necesita algo en estos momentos, un saber que haga contrapeso a la gran unilateralidad y desequilibrio de su cultura y forma de vida, esto es lo que la India tiene que enseñar. En momentos de crisis como los que vivimos se empieza a comprender que gran parte de los problemas que nos afectan surgen de considerar al hombre como algo aparte de la naturaleza y enfrentado a ella. Cuando se recla­ma desde distintos sectores una visión más inte-rrelacionada del cosmos, lo que se llama en ter­minología actual una "visión holística", como la que la física moderna y la ecología empiezan a vislumbrar, la cultura clásica de la India nos ofrece esa comprensión global y orgánica del universo, donde cada elemento sólo tiene senti­do en su relación al todo. Cuando la creciente agitación mental que se fomenta en la sociedad moderna se cobra su tasa de insatisfacción,


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