sábado, 8 de agosto de 2009

2. Religion


La cultura india tradicional, si bien todavía fuertemente implantada en muchas secciones de la población, está en franca retirada, especialmente entre las nuevas generaciones, frente a una visión moderna del mundo mucho más prestigiosa debido a la prosperidad material que a menudo la acompaña. Creo sin embargo que el árbol de la civilización india es lo suficientemente fuerte como para, aunque pierda muchas ramas, aguantar mal que bien la tempestad sin caerse. A pesar de todo sigue poseyendo la vitalidad necesaria como para seguir manteniéndose con personalidad propia en el mundo cada vez más uniforme en que nos ha tocado vivir. La India vive hoy porque a pesar de siglos de decadencia, sus principios se han mantenido presentes en la conciencia de sus gen­tes, y perdurará y resurgirá en la medida en que pueda seguir poniendo en práctica esos principios, adaptándolos a las condiciones especiales del mundo moderno. El inge­niero que recita al volver a su casa el Gáyatri, himno del Rig Veda de gran antigüedad, representa la capacidad de adaptación de la India, la fuerza de una cultura que, a pesar de los cambios que suceden e inevitablemente sucederán en el ámbito del mundo agresivamente comercial de los últimos tiempos, logrará sin duda perdurar en el futuro. Pues aunque la India ha cambiado mucho desde sus orígenes hasta hoy, a pesar de que un nuevo y poderoso dios, el Becerro de Oro, ha hecho su aparición en un lugar promi­nente del panteón, los grandes ideales y aspira­ciones de su antigua civilización siguen guiando e inspirando las vidas de millones de sus habi­tantes. La sociedad civil india, acostumbrada a autoorganizarse, posee una gran fortaleza y capacidad de aguante y, cuando se le da la oportunidad, es emprendedora y flexible. India


«La cumbre de la pirámide social, el hombre ideal, era y en gran medida sigue siendo
el sabio, el asceta que abandonando todas sus posesiones se dedica a investigar el lugar y papel del ser humano en el universo.»tendrá que asimilar la economía moderna y los valores occidentales y crear una síntesis en la que permanezca lo esencial de su cultura, guardando el mismo espíritu bajo formas nuevas, como ya ha sucedido en más de una ocasión. En mi opinión, ésta es su única oportunidad de salvación, y a pesar del mal estado en que se encuentra en la actualidad, pienso que aún tiene la fuerza suficiente para hacerlo, de la misma manera que en el pasado renació una y otra vez en los peores tiempos de crisis.
«El nivel de la indoiogía en España es casi Descorazonador, y basta ver la casi total ausencia de
cátedras de estudios orientales en las universidades españolas para comprender esto.»La India, como se ha dicho a menudo, es un país de extremos. Todos los siglos de la historia conviven lado a lado sin estorbarse, y frente a la central atómica el cam­pesino bra la tierra como hace milenios. Los grandes contrastes la de escandalosa pobreza y obscena opulencia, refinada espiritualidad y materialismo y hedonismo inmoderados, una pureza que no parece de este mundo y una corrupción depravada no provocan allí el asom­bro y desconcierto que suele experimentar el occidental


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